Las curiosidades del Australian Open que solo entienden los fans del primer Grand Slam del año

Horarios imposibles, calor extremo y detalles poco conocidos convierten al Australian Open en un torneo único para los aficionados al tenis.

Redacción otrodiario3 min de lectura
Las curiosidades del Australian Open que solo entienden los fans del primer Grand Slam del año
Australian Open Melbourne

El Australian Open no es solo el primer Grand Slam de la temporada. Es también el torneo que cada año deja algunas de las curiosidades más llamativas del calendario tenístico.

En la edición que se disputa estos días en Melbourne, el campeonato vuelve a confirmar por qué es una de las citas más especiales para los aficionados más fieles al tenis.

Uno de los aspectos que más sorprende, especialmente al público europeo, son los horarios de los partidos. Muchos encuentros se siguen de madrugada y no es extraño que algunos terminen pasadas las tres de la mañana, tanto para los jugadores como para los espectadores en la grada. La organización mantiene largas sesiones nocturnas, una seña de identidad que cada año genera debate.

El calor, el rival invisible del torneo

Si hay un protagonista silencioso en Melbourne, ese es el calor extremo. Las altas temperaturas, con picos que superan los 35 grados, obligan al torneo a activar la conocida política de calor extremo, que permite cerrar las pistas con techo retráctil y ampliar los descansos entre sets.

Este factor condiciona claramente el juego. Muchos partidos se vuelven más rápidos, con puntos más cortos y menos intercambios largos, algo que los propios tenistas reconocen como una de las mayores dificultades del Australian Open.

Pistas y pelotas bajo constante observación

Otro de los temas recurrentes es la superficie. Aunque el torneo mantiene el uso del Plexicushion, cada edición aparecen comentarios sobre cambios sutiles en el bote de la bola o la velocidad de la pista. En esta ocasión, varios jugadores han señalado que la superficie se vuelve más lenta a medida que avanzan los partidos.

A esto se suma un detalle clave para los profesionales: el cambio de pelotas, que en Melbourne se realiza cada nueve juegos. Un aspecto casi invisible para el espectador casual, pero decisivo para el control y la potencia de los golpes.

Un público entregado y muy reconocible

El ambiente en las gradas es otra de las grandes curiosidades del Australian Open. El público australiano es conocido por ser ruidoso, cercano y muy participativo, especialmente cuando juegan tenistas locales. En las pistas principales, la atmósfera puede cambiar por completo en función del jugador que esté compitiendo.

El torneo, además, apuesta fuerte por la experiencia del aficionado, con conciertos, zonas interactivas y actividades paralelas que convierten el recinto en algo más parecido a un festival deportivo que a un evento estrictamente competitivo.

El peso de la historia en el primer Grand Slam

El Australian Open es también un escenario cargado de historia. Figuras legendarias han construido aquí parte de su legado, y esa conexión emocional sigue muy presente entre los aficionados.

No es casualidad que cualquier aparición de grandes iconos del tenis genere una enorme expectación, como se reflejó recientemente con el regreso simbólico de Roger Federer a la pista, un recordatorio de por qué sigue siendo una referencia global del deporte.

En este contexto, el Australian Open se consolida cada año como un torneo especial, lleno de pequeños detalles y situaciones únicas que lo diferencian del resto de Grand Slams y lo convierten, cada enero, en una cita imprescindible para los auténticos fanáticos del tenis.

Más sobre el impacto de las grandes leyendas del tenis puede leerse en este artículo relacionado: Roger Federer vuelve a la pista y demuestra por qué sigue siendo un icono global.