El juicio que podría marcar un antes y un después en la regulación digital arrancó esta semana en Los Ángeles con un momento histórico: Mark Zuckerberg testificó por primera vez ante un jurado sobre el impacto de Instagram en la salud mental infantil.
El caso, impulsado por una joven de 20 años que acusa a Meta y a YouTube de haber diseñado plataformas adictivas desde su infancia, podría influir en cientos de demandas similares en Estados Unidos.
Durante varias horas, el CEO de Meta respondió preguntas clave sobre qué sabía la compañía acerca de los riesgos para menores y si hizo lo suficiente para mitigarlos.
La empresa niega las acusaciones y sostiene que ha implementado múltiples medidas de protección para adolescentes.
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El tiempo en Instagram, en el centro del debate
Uno de los puntos más sensibles del interrogatorio giró en torno al tiempo que los usuarios pasan en Instagram. La demanda sostiene que Meta diseñó sus plataformas para maximizar la permanencia y aumentar los ingresos publicitarios.
Documentos internos mostrados en el tribunal indicaban que funciones como Reels impulsaron el tiempo de uso a máximos históricos y que existían previsiones de crecimiento en los minutos promedio por usuario hasta 2026. Zuckerberg defendió que el objetivo no es “enganchar” a corto plazo, sino crear un producto atractivo y sostenible en el tiempo, competitivo frente a plataformas como TikTok.
El directivo subrayó que actualmente la empresa prioriza métricas relacionadas con la utilidad del servicio más que con metas estrictas de tiempo de uso, aunque reconoció que la comparación con competidores es habitual en el sector tecnológico.
Filtros de belleza y presión estética
Otro punto delicado fue el uso de filtros de belleza que alteran la apariencia física. La parte demandante argumentó que estas herramientas pueden afectar negativamente la autoestima de adolescentes, especialmente niñas, al reforzar estándares irreales.
Zuckerberg explicó que Meta optó por permitir los filtros, aunque sin promoverlos activamente, en nombre de la libertad de expresión. Negar estas herramientas, afirmó, podría interpretarse como una postura excesivamente paternalista.
Sin embargo, en el juicio se mostraron correos internos donde empleados advertían sobre la presión estética que podrían generar estas funciones.
El debate evidenció la tensión entre libertad digital y protección de menores, uno de los ejes centrales del proceso judicial.
La edad mínima y los usuarios preadolescentes
Instagram establece los 13 años como edad mínima para crear una cuenta. No obstante, documentos internos presentados en el tribunal señalaban que millones de usuarios menores podrían haber utilizado la plataforma en años anteriores.
La demandante comenzó a usar Instagram con apenas 9 años, según la acusación. Durante el interrogatorio, se expuso que hasta 2019 no se exigía introducir una fecha de nacimiento obligatoria al registrarse. Meta sostiene que actualmente utiliza sistemas de inteligencia artificial para estimar la edad y aplicar protecciones automáticas a adolescentes.
Zuckerberg afirmó además que los adolescentes representan una pequeña parte de los ingresos publicitarios, defendiendo que el negocio no depende de captar menores como objetivo comercial principal, sino de ofrecer un servicio global.
El impacto humano detrás del juicio
Más allá de los documentos y cifras, el proceso tiene un fuerte componente humano. En la sala estuvieron presentes padres que aseguran que sus hijos sufrieron daños graves relacionados con el uso intensivo de redes sociales. Algunos participaron también en audiencias previas ante el Congreso en 2024, cuando Zuckerberg pidió disculpas públicas a familias afectadas.
El resultado del caso podría sentar un precedente legal sobre la responsabilidad de las plataformas tecnológicas en la salud mental de los menores.
Expertos en derecho digital señalan que un fallo adverso para Meta abriría la puerta a cambios regulatorios más estrictos y mayores exigencias de diseño seguro en redes sociales.
Un juicio con implicaciones globales
La decisión del jurado no solo afectará a Meta. El caso se sigue de cerca en Europa y América Latina, donde gobiernos debaten nuevas normativas para limitar el acceso de menores y exigir mayor transparencia algorítmica.
El juicio pone sobre la mesa una pregunta clave para la era digital: ¿hasta qué punto son responsables las plataformas del bienestar psicológico de sus usuarios más jóvenes?
La respuesta judicial podría redefinir el futuro de la industria tecnológica y la forma en que millones de adolescentes interactúan en línea.




