En los últimos días, un relato se ha vuelto viral en redes: el sushi de salmón no sería una tradición milenaria japonesa, sino el resultado de una estrategia comercial impulsada desde Noruega en los años 80.
La historia, compartida por distintos medios y cuentas virales, engancha porque rompe una creencia muy extendida: que el nigiri de salmón ha formado parte del sushi japonés desde siempre.
La realidad es más compleja, pero también más interesante. Al contrastar fuentes históricas, documentos del sector pesquero y análisis periodísticos, se confirma que Noruega jugó un papel clave en la popularización del salmón crudo en Japón, aunque no se trató de un único gesto ni de una invención instantánea.
Por qué el salmón crudo generaba rechazo en Japón
Durante décadas, el salmón no fue un pescado habitual en el sushi japonés. El motivo principal no era cultural, sino sanitario. En Japón, el salmón del Pacífico estaba asociado a la presencia de parásitos como el anisakis, lo que hacía que su consumo en crudo se considerara arriesgado. Además, su color y textura no encajaban con la imagen tradicional del pescado “noble”, dominada por el atún.
Este contexto explica por qué muchos chefs japoneses rechazaban la idea de servir salmón crudo. No era un prejuicio gratuito: era una combinación de experiencia histórica, seguridad alimentaria y percepción del producto.
El papel del salmón noruego y la acuicultura
El punto de inflexión llegó con el salmón atlántico de acuicultura noruega. A diferencia del salmón salvaje del Pacífico, este producto ofrecía controles sanitarios estrictos, trazabilidad y una calidad homogénea. Eso permitió presentarlo como un pescado seguro para el consumo en crudo.
Noruega no solo exportó pescado, sino también un relato: el del salmón “premium”, limpio y fiable, apto para un mercado tan exigente como el japonés.
Project Japan: una estrategia a largo plazo
Lejos de ser una anécdota, la introducción del salmón en el sushi fue el resultado de una estrategia organizada conocida como Project Japan. A partir de mediados de los años 80, organismos noruegos y empresas del sector trabajaron durante años para abrir mercado en Japón.
El proceso incluyó demostraciones culinarias, acuerdos con importadores, campañas de imagen y colaboración con chefs. El objetivo no era imponer un producto de golpe, sino normalizarlo poco a poco dentro del ecosistema gastronómico japonés.
¿Fue realmente un “invento”?
Decir que Noruega “inventó” el sushi de salmón es una simplificación eficaz para redes sociales, pero incompleta. Existen referencias a usos puntuales del salmón en la cocina japonesa antes de los años 80. Sin embargo, lo que sí está documentado es que no era un ingrediente central ni popular.
La gran aportación noruega fue convertirlo en un producto masivo. La expansión de los restaurantes de cinta transportadora, el abaratamiento del sushi y su llegada a públicos jóvenes y familias aceleraron ese cambio.
En pocas décadas, el salmón pasó de ser un extraño a convertirse en el ingrediente más reconocido del sushi a nivel mundial.
Cuando el marketing crea tradición
El caso del sushi de salmón es un ejemplo claro de cómo se construyen las tradiciones modernas. Un producto relativamente reciente puede integrarse tan profundamente en una cultura que, con el tiempo, se percibe como ancestral.
Hoy, el salmón es sinónimo de sushi en gran parte del mundo. Pero al revisar su historia, queda claro que su éxito fue el resultado de una combinación de industria, estrategia comercial y cambio cultural. No fue un engaño, pero tampoco un legado milenario.
Si En definitiva, el viral tiene razón en lo esencial: el sushi de salmón no es tan antiguo como parece. Y sí, su popularización global comenzó con una apuesta calculada que terminó cambiando para siempre el menú japonés… y el del resto del planeta.




