El país donde hasta dormir se volvió un bien escaso
En pleno 2026, dormir ocho horas por noche, la pauta clásica de descanso recomendada por expertos en salud, empieza a considerarse un lujo casi inalcanzable en algunos países del mundo debido a estilos de vida cada vez más frenéticos, jornadas laborales prolongadas y un contexto global marcado por la hiperconectividad constante y el estrés crónico.
Un fenómeno global con epicentro en Japón
En particular, Japón se ha convertido en uno de los ejemplos más claros de esta tendencia. Diversos estudios y estadísticas oficiales señalan que los adultos japoneses duermen de media poco más de siete horas por noche, una de las cifras más bajas entre las economías desarrolladas.
Este déficit de descanso ha sido descrito por expertos y medios internacionales como una auténtica crisis del sueño, marcada por largas jornadas laborales, desplazamientos diarios extensos y una fuerte presión social por la productividad.
En muchos casos, dormir menos se normaliza como una señal de compromiso profesional.
Trabajo, cultura y tecnología
Las causas de este fenómeno son múltiples y profundamente sociales. La cultura laboral japonesa, históricamente asociada al esfuerzo prolongado y la lealtad a la empresa, sigue empujando a millones de trabajadores a sacrificar horas de descanso para cumplir con las expectativas profesionales.
A este contexto se suma la hiperconectividad digital. El uso constante de teléfonos móviles, pantallas y plataformas digitales hasta altas horas de la noche ha alterado los ritmos naturales del sueño, no solo en Japón, sino también en otros países donde el descanso reparador empieza a verse como algo difícil de garantizar.
Cuando dormir bien se convierte en un lujo
En 2026, el descanso ha dejado de ser únicamente una necesidad biológica para transformarse en un bien escaso y altamente valorado.
El auge del denominado turismo del sueño, con hoteles y experiencias diseñadas exclusivamente para mejorar la calidad del descanso, refleja hasta qué punto dormir bien se ha convertido en un símbolo de bienestar y estatus.
Especialistas en salud advierten que dormir menos de ocho horas de forma continuada puede tener consecuencias graves para la salud, como problemas cardiovasculares, deterioro cognitivo y un aumento significativo del estrés. Por ello, el sueño empieza a ocupar un lugar central en el debate sobre la calidad de vida.
Un reto para las sociedades modernas
El caso de Japón actúa como una advertencia clara para otras economías avanzadas. En un mundo cada vez más acelerado, expertos reclaman cambios estructurales que permitan conciliar trabajo, tecnología y descanso, y que devuelvan al sueño el valor esencial que tiene como pilar de la salud y el bienestar.




