Un reciente estudio científico ha arrojado nueva luz sobre la forma en que el cerebro humano distingue los recuerdos reales de aquellos que han sido modificados o creados de manera involuntaria.
El trabajo se centra en la actividad de regiones clave como el hipocampo y la corteza prefrontal.
Los investigadores observaron que los recuerdos auténticos activan patrones neuronales más coherentes, mientras que los recuerdos falsos generan señales fragmentadas y menos estables.
Este hallazgo ayuda a explicar por qué muchas personas pueden estar convencidas de hechos que nunca ocurrieron.
Implicaciones para la salud y la justicia
Comprender este mecanismo tiene aplicaciones directas en el tratamiento de trastornos de la memoria, como el Alzheimer, y también en el ámbito judicial, donde los testimonios dependen en gran medida de la fiabilidad de los recuerdos.
Los científicos subrayan que la memoria no funciona como una grabación exacta, sino como un proceso dinámico que se reconstruye cada vez que recordamos un hecho.




