Antonino Zichichi, uno de los físicos italianos más influyentes del último siglo, falleció el 9 de febrero de 2026 a los 96 años mientras dormía, según informó Vatican News. Su muerte supone la desaparición de una figura central en la historia reciente de la física de partículas y del pensamiento científico europeo.
A lo largo de una trayectoria que se extendió durante varias décadas, Zichichi combinó la investigación de alto nivel con la divulgación científica y el liderazgo institucional, dejando una huella profunda tanto en la comunidad académica como en el debate público sobre el papel de la ciencia en la sociedad.
Una vida dedicada a comprender la estructura del universo
Antonino Zichichi nació en Trapani, Italia, en 1929. Desde muy joven mostró un gran interés por las ciencias fundamentales, lo que le llevó a especializarse en física nuclear y subnuclear, disciplinas centradas en el estudio de las partículas elementales y las fuerzas que gobiernan la materia.
Desarrolló gran parte de su carrera en centros de referencia internacional como el CERN de Ginebra y el Fermilab de Chicago, participando en experimentos pioneros que contribuyeron a consolidar la física de altas energías como uno de los campos más dinámicos de la ciencia contemporánea.
Descubrimientos clave en física de partículas
Entre sus aportaciones más relevantes destaca su participación, en 1965, en la observación experimental del antideuterón, una partícula de antimateria compuesta por un antiprotón y un antineutrón. Este hallazgo confirmó que la antimateria podía formar estructuras complejas similares a las de la materia ordinaria.
La observación del antideuterón supuso un paso fundamental para validar los modelos teóricos de la física subnuclear.
Este descubrimiento reforzó el marco experimental de la física de partículas y abrió nuevas líneas de investigación sobre la simetría entre materia y antimateria, una de las grandes cuestiones aún abiertas en la cosmología moderna.
Liderazgo científico e impulso a grandes infraestructuras
Además de su labor como investigador, Zichichi desempeñó un papel clave como gestor y promotor científico. Fue presidente del Istituto Nazionale di Fisica Nucleare entre 1977 y 1982 y presidió la Sociedad Europea de Física, contribuyendo a fortalecer la cooperación científica internacional.
También fue uno de los principales impulsores del Laboratorio Nacional del Gran Sasso, considerado uno de los mayores laboratorios subterráneos del mundo. Este centro es hoy esencial para el estudio de los neutrinos, la astrofísica de partículas y la materia oscura.
- Dirección del INFN en una etapa decisiva para la ciencia italiana.
- Impulso de grandes colaboraciones internacionales.
- Creación de infraestructuras científicas únicas en Europa.
Formación, divulgación y cultura científica
Antonino Zichichi fue además fundador del Centro de Cultura Científica Ettore Majorana, situado en Erice, Sicilia. Esta institución se convirtió en un referente internacional para la formación avanzada y el intercambio de ideas entre científicos de todo el mundo.
A lo largo de su vida defendió con firmeza el rigor del método científico y la importancia de acercar la ciencia a la sociedad. Fue un divulgador activo y una figura habitual en debates públicos sobre educación, conocimiento y responsabilidad social.
Ciencia y fe como diálogo permanente
Uno de los rasgos más singulares de su pensamiento fue su defensa del diálogo entre ciencia y fe. Zichichi sostuvo que ambas dimensiones no debían entenderse como opuestas, sino como ámbitos distintos capaces de convivir sin renunciar al rigor intelectual.
Para Antonino Zichichi, la ciencia debía buscar la verdad a través de la experimentación sin ignorar la dimensión cultural y filosófica del ser humano.
Esta postura le situó en ocasiones en el centro de la controversia, especialmente por algunas de sus opiniones sobre temas científicos sensibles, que generaron debate dentro y fuera de la comunidad académica.
Un legado duradero en la historia de la ciencia
La muerte de Antonino Zichichi deja un legado extenso y complejo. Publicó cientos de trabajos científicos, formó a generaciones de investigadores y contribuyó decisivamente a construir las bases de la física de partículas moderna en Europa.
Su figura representa a una generación de científicos que, tras la Segunda Guerra Mundial, impulsó el conocimiento de lo más fundamental de la materia y situó a la investigación científica como un pilar del progreso humano. Su influencia seguirá presente en laboratorios, instituciones y debates científicos durante muchos años.




