El llamado Blue Monday, conocido popularmente como el día más triste del año, vuelve a ocupar titulares cada mes de enero. Sin embargo, especialistas en psicología, salud mental y comunicación coinciden en una idea clara: no existe ninguna base científica que respalde este concepto y su origen está ligado al marketing, no a la ciencia.
La teoría del Blue Monday sostiene que el tercer lunes de enero concentra una combinación de factores negativos como el frío, las deudas tras Navidad, la falta de motivación y el abandono de los propósitos de Año Nuevo. Todo ello, supuestamente, provocaría un descenso generalizado del estado de ánimo. Pero los expertos aseguran que esta conclusión carece de rigor.
Un origen publicitario sin respaldo científico
El término Blue Monday nació en 2005 como parte de una campaña promocional vinculada al sector turístico. La idea se apoyaba en una fórmula matemática que pretendía calcular el nivel de tristeza de la población en una fecha concreta. Con el paso del tiempo, esa ecuación fue desacreditada por la comunidad científica, ya que no había sido revisada por pares ni publicada en ninguna revista especializada.
Psicólogos consultados señalan que las emociones humanas no funcionan de forma matemática ni colectiva. Cada persona vive el inicio del año de manera distinta, influida por factores personales, sociales y culturales. Reducir el estado emocional de millones de personas a un solo día resulta, según los especialistas, una simplificación extrema.
La tristeza no se puede programar en el calendario ni calcular con una fórmula universal.
Por qué el mito sigue tan vivo cada enero
A pesar de haber sido desmentido en múltiples ocasiones, el concepto de Blue Monday sigue reapareciendo año tras año. Los expertos en comunicación explican que se trata de un mensaje sencillo, fácil de difundir y que conecta con emociones reconocibles para muchas personas tras el periodo navideño.
Además, enero suele coincidir con una vuelta a la rutina, menos horas de luz solar y mayor presión económica. Estos factores pueden influir en el estado de ánimo, pero no justifican la existencia de un día universalmente triste. La persistencia del mito se debe, en gran medida, a su utilidad comercial y mediática.
El riesgo de banalizar la salud mental
Los profesionales de la psicología advierten de que este tipo de mensajes pueden ser contraproducentes. Asociar la tristeza a una fecha concreta puede trivializar problemas reales como la depresión o la ansiedad, que requieren atención y acompañamiento profesional.
La depresión no aparece ni desaparece según el calendario. Es un trastorno complejo que no puede reducirse a un lunes concreto de enero. Confundir malestar puntual con problemas de salud mental puede generar desinformación y estigmatizar emociones normales.
Qué dicen los especialistas sobre el estado de ánimo en invierno
Los expertos reconocen que algunas personas experimentan cambios emocionales durante los meses de invierno. La menor exposición a la luz solar, el frío o la reducción de la actividad social pueden influir en el bienestar general. Sin embargo, estos efectos varían mucho entre individuos y no responden a una fecha exacta.
En casos concretos, existe el llamado trastorno afectivo estacional, una condición reconocida clínicamente. Pero incluso en este caso, los síntomas no se concentran en un solo día ni afectan de igual manera a toda la población.
Una oportunidad para hablar de bienestar emocional
Aunque el Blue Monday sea un mito, los especialistas coinciden en que su popularidad puede servir como excusa para hablar de salud mental y autocuidado. El inicio del año es un buen momento para revisar hábitos, gestionar expectativas y prestar atención al bienestar emocional, sin necesidad de caer en alarmismos.
La recomendación general pasa por mantener rutinas saludables, buscar apoyo social y acudir a profesionales si el malestar emocional persiste en el tiempo. Entender que sentirse bajo de ánimo en ciertos momentos es normal puede ayudar a reducir la presión y la culpa.
En definitiva, el Blue Monday no es más que una etiqueta atractiva creada con fines comerciales. La ciencia es clara: no existe el día más triste del año, pero sí la necesidad de hablar con más rigor y empatía sobre cómo nos sentimos.




